10/2/2010

La compra-venta de Globovisión.



El rumor que se ha desatado como pólvora en el cotarro criollo indica lo que todos han temido desde siempre: Globovisión habría llegado a su fin.
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Para sorpresa de muchos, este final nada tendría que ver con los 21 procesos penales en su contra, ni con los 12 expedientes administrativos que lleva a cuestas desde 2001. El final tendría que ver con la presunta compra-venta del canal 33 a empresarios vinculados estrechamente con el régimen chavista por un precio de US $200 millones. Un personaje de apellido Payares sería el intermediario de las negociaciones ¿Quién lo diría?

Empezó como un chisme de vecindona, hace quince días, en el programa de José Vicente Rangel donde se afirmaba que próximamente se vería que un canal, que hasta ahora se había caracterizado por sostener una línea dura frente al gobierno en materia editorial, iba a cambiar de capital accionario y con ello dicha línea.”

Esta semana en “La Razón”, el marcial semanario de López Ulacio, el dirigente opositor Pablo Medina se fue de bocazas: “Hay señales de que la compra venta de Globovisión sí va” dijo sin titubeos al ser increpado sobre el asunto.
“No es ninguna campaña de intriga de la Sala Situacional, sino que forma parte de una presión que ejerce José Vicente Rangel, conjuntamente con la “Banda de los Enanos”, que busca adelantar esta operación y en la cual el gobierno, con el dinero de los venezolanos, está ofreciendo comprar por 200 millones de dólares a Globovisión (…) algunos de los accionistas de Globovisión están interesados en la operación, y por eso hay algunas señales de que esta compra-venta si va, como es la salida de Leopoldo Castillo de la programación, con el cuento de que le han dado vacaciones.”

Por su parte, en la columna “Carrusel político” de Luis Felipe Colina publicada en el mismo semanario, se reproduce la información de la supuesta compra venta y es allí donde aparece, por primera vez, el apellido Payares. “Un empresario de apellido Payares sería el intermediario para intentar lograr que los accionistas de Globovisión le vendan sus acciones a varios empresarios vinculados estrechamente al alto gobierno. La operación estaría dirigida por el ex vicepresidente José Vicente

Finalmente, el periodista Nelson Bocaranda en su columna “Run-runes” de ayer hizo lo propio, describiendo la tensa situación que existe entre los directivos del canal de la Florida: “Sí, es cierto que hay un conflicto entre los socios del canal de noticias. A las muchas especulaciones hechas en torno a las presiones por parte del régimen para acallarlo -y que han ido desde rebuscadas multas tributarias desde el Seniat y la Alcaldía roja de Jorgito, hasta decomiso sin devolución de material técnico confiscado, pasando por decenas de juicios sin justificación alguna o el acoso criminal a sus trabajadores e instalaciones para hacerlos bajar la Santamaría “como si no fuera el Gobierno el culpable” – se añaden en estos días ofertas de compra de acciones, bien por entes rojos o empresarios amigos de los rojos, para exigir cambios en la línea editorial y salida de algunos de los accionistas.”
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Es decir, el rumor puede, en cualquier momento, dejar de serlo.
Si eso pasa la oposición, entonces, se las verá muy negras. Quedará más expósita que nunca si su orfanato más importante queda en manos de un angurriento boliburgués. Y ni hablemos del periodismo anti-chavista que, finalmente, perderá el púlpito que lo acoge con tanto beneplácito.

A mi no es que me deleite ver Globovisión.
Odio el derechismo que empalaga sus telediarios y ese amor furibundo por Washington.
Aún así, Globovisión le ha demostrado al país tener un tesón enorme a la hora de enfrentar a esta inmunda dictadura. A través de sus periodistas, empleados y directivos el canal 33 se ha quejado, ha pataleado, ha sido insolente, ha soportado y, principalmente, ha logrado ser la piedra de tranca para este régimen de militronches y rufianes ambiciosos de una “hegemonía comunicacional” perfecta para los encubrimientos criminales de una abyecta dictadura.

¿De qué les habrá servido, pues, tanto sufrimiento?
Si el rumor deja de serlo, entonces, habrán nadado mucho para terminar ahogados en las orillas de la complacencia.
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A propósito ¿Dónde están esos periodistas?
¿Cuántos de ellos han salido a denunciar este golpe bajuno y virulento?,
¿Dónde están escondidos?, ¿Acaso los obligan a callar?
¿Censurando menudas informaciones por cuidar el quince y último?;
¡Wow! ¡No me digan que creen que se pueden quejar contra el cierre de otros canales pero no de la venta indigna que sus jefes cometen a traición y de forma vituperable?
Y la independencia de la que tanto se ufanan ¿Dónde la dejaron?
Todos hacen tertulia, twittean, narran noticias y lanzan dardos contra la dictadura, como si nada estuviese pasando, como si en el último piso del canal no se estuvieran cerrando contratos.
¿Por qué no dejan de sonreír cuando están en “on” y dicen de una buena vez lo que está pasando?
Si es mentira, aclárenselo al país.
Pero si es verdad, no se conviertan en cómplices.
¡Quéjense si es necesario!, ¡Indígnense frente a las cámaras!,
Ustedes, estimados periodistas del 33, más que nadie deberían estar mostrando pancartas de protesta y caceroleando frente a tan vil trueque.
Si los periodistas están para contar la verdad ¿Qué esperan, pues, para describir los hilos que se tejen detrás de este zarpazo?,
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¿Y el CNP?, ¿La AIR?, ¿Los organismos internacionales?, ¿La prensa escrita?, ¿La prensa extranjera?,
¿No se piensan pronunciar?,
¿O es que algún miedo, para su vergüenza eterna, los terminó capando?

Hay algo cierto, si el rumor de compra-venta se hace realidad, todo el martirologio del 33 habrá sido un miserable rompimiento de vestiduras, una guerra contra molinos imaginarios de unos cuantos Quijotes de micro y solapa, un teatro amarillo para azuzar. Para ser más sinceros: todo habrá sido mentiras y chismes fétidos a cebolla hervida.



Porque aquí no se trata de que sea vendida Globovisión, ni perder a su Ravell, su Zuloaga o cualquiera de sus Núñez. Aquí el asunto radica en la negociación indigna y bajo la mesa que se estaría haciendo con la última ventana donde libertad y prensa son sinónimo, donde, bien o mal, aún se pueden escuchar las denuncias y críticas de una nación dondeel periodismo independiente se considera un delito.
Y Globovisión, hay que decirlo, es lo más cercano a periodismo independiente en la televisión venezolana.

Estamos, así y entonces, contra la espada y la pared: La libertad de prensa depende, pues, de los designios y ambiciones de los dueños de medios. Algo muy peligroso. Y más en circunstancias como esta en la que el la que el Estado venezolano tiene un señorío absoluto sobre 730 emisoras de radio y TV. Y pretende ir a por más.

Cuando sea de madrugada y los nuevos jefes se instalen en las oficinas de Globovisión, entonces, podremos juntar las manos y enviar súplicas a Dios.
Cuando eso pase, la tele arepa no solamente estará plenamente censurada y Cubavisión sentirá envidia pura.
Cuando eso pase, enciendan la tele. Esto será un sálvese quien pueda.

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Y el caldeado debate en Noticiero Digital.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que pena por todo lo que se está viviendo en Venezuela, pero eso tenía que suceder, de hecho la Biblia menciona que estos serían tiempos críticos dificiles de manejar, de ahí la necesidad de buscar a Jehová Dios ya que es el único que nos puede salvar.

GERMAN SOTO dijo...

SI ESTOY DE ACUERDO LO QUE DICE LA BIBLIA PERO ESO SERA TAMBIEN EN OTRAS NACIONES TINIEBLAS CUBRIRAN LA TIERRA Y CRISTO ES EL QUE SALVA
http://desenmascarandolosfalsos.blogspot.com

Anónimo dijo...

definitivamente seria lo mejor para los socios de ese canal salir de tanto acoso gubernamentar provocado por el propio editorial que inponen los dueño de la plata globovision y a la vez el pueblo descansa de tantas mentira periodistica que nada contribuye a tonots problemas que tiene el pais.

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